La Organización Mundial de la Salud las reconoce como un método natural de salud, inocuo y preventivo, dentro del apartado de de terapias individualizadas.
Su actuación más evidente es de incidencia emocional y por lo tanto, son de utilidad contrastada en los procesos de estado de ánimo asociados a todo tipo de desequilibrios de los seres vivos.
Las esencias florales potencian las virtudes opuestas a estados emocionales disarmónicos, que causan sufrimiento (stréss, miedo, incertidumbre), permitiendo equilibrar y mantener una apreciación más armónica en un medio de vida cambiante como el actual. Actúan en las causas profundas y sutiles de los conflictos humanos.
Las esencias pueden usarse sin riesgo ya que no tienen acción bioquímica o principio activo y, por lo tanto, no son posibles sobredosis, efectos secundarios o dependencias. Son remedios vibracionales, no son medicamentos y no interactúan con ellos.
Pueden ser usados en cualquier edad, siendo especialmente eficaces en niños. Y en caso de error en la elección de la flor que necesitamos, carecen de efectos indeseables.
Pueden ser asociados a otros tratamientos o terapias, ya que siempre potencian el proceso de curación y en los casos de procesos incurables aportan sosiego y paz interior.