
radicales libres
Cuando realizamos acciones como respirar, hacer ejercicio, digerir, etc, nuestro organismo produce agentes perjudiciales, son los llamados radicales libres.
Un radical libre es un átomo o molécula con un electrón desparejado. Necesitan compartir el electrón para estabilizarse y para ello buscan cualquier molécula cercana. Así, esta molécula se convierte también en radical libre, originándose una reacción en cadena.
El oxígeno que nuestro cuerpo necesita, por un lado es vital, pero por otro lado es un agente oxidativo. Los radicales libres que se originan atacan a moléculas vitales para las células. Por supuesto, el organismo dispone de un mecanismo biológico para contrarrestar este riesgo pero en numerosas situaciones, la producción de los radicales supera la capacidad del organismo para neutralizarlos, apareciendo un estado denominado estrés oxidativo. Este aumento de radicales libres puede deberse al consumo excesivo de tabaco y alcohol, alimentación grasa, sedentarismo, exceso de radiación solar, una dieta poco equilibrada, etc.
Los radicales libres poseen numerosos efectos negativos:
- Desnaturalización de las proteínas y de las enzimas.
- Desnaturalización de los ácidos nucleicos que produce perturbaciones de la transmisión del mensaje genético y de la síntesis de las proteínas.
- Deterioro del colágeno y de la elastina que favorece la aparición de trastornos relacionados con el envejecimiento (fibrosis y esclerosis).
- Agresión de los lípidos membranarios, pudiéndose producir fenómenos inflamatorios y alérgicos.
Por eso es importante la ayuda de un aporte extra de antioxidantes, ya que forman parte de este dispositivo de reparar, neutralizar y evitar ese daño producido.
¿Cómo funciona un antioxidante? Los nutrientes antioxidantes tienen la capacidad de ceder electrones a los radicales libres sin sumarse a la reacción en cadena.
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